Estanislao Sureda nunca hizo hueso viejo en agrupación alguna. Para el cienfueguero el pentagrama estaba en el corazón de su pueblo y no en la batuta de ninguna orquesta. Después de décadas en el olvido, resurgió como ave fénix para burlar a sus sepultureros. Mafiosos mediocres que lo enterraron en vida.