Todos queremos lanzar algo perfecto: un producto impecable, un servicio pulido, una marca que parezca llevar años en el mercado. Pero la verdad es que la perfección es una trampa. Una que consume tiempo, energía y, sobre todo, impulso.
Todos queremos lanzar algo perfecto: un producto impecable, un servicio pulido, una marca que parezca llevar años en el mercado. Pero la verdad es que la perfección es una trampa. Una que consume tiempo, energía y, sobre todo, impulso.