La clave para superar los obstáculos y resplandecer en medio de una generación confusa no está en seguir voces humanas, sino en seguir la voz de Dios. Debemos acercarnos a su Palabra con responsabilidad, reverencia y fidelidad, dejando a un lado nuestras ideas para abrazar lo que Él ha revelado. Solo así podremos ser luminares, testigos vivos de que Cristo transforma, guía y fortalece. No se trata de lo que yo creo, sino de lo que Dios dice. Esa es la verdad que libera y da vida.