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En cierto sentido, es la institución más poderosa del mundo en el país más poderoso del mundo. Las decisiones de la Corte Suprema de Estados Unidos pueden marcar el carácter de su sociedad y marcar los destinos de sus ciudadanos por décadas, mucho más que cualquier ocupante interino de la Casa Blanca. Por eso, el máximo tribunal está en el centro de la constante lucha de poder de los dos partidos que dominan la escena política estadounidense y de los múltiples y poderosos grupos de interés que los presionan.
Hoy, en un ambiente político polarizado y tensionado, en medio de lo que se ha denominado como una “guerra cultural”, la Corte Suprema de Estados Unidos está jugando un rol importante. Después de obtener una abrumadora mayoría luego de que Donald Trump y el senado Republicano lograran instalar a tres jueces en su período presidencial, las fuerzas conservadoras dominan el tribunal con una supermayoría de 6 a 3 sobre los liberales. Los resultados no se han hecho esperar, y han sido históricos: el año pasado la Corte revirtió un fallo de 1973 que había consagrado el derecho al aborto en todo el país. Hace unas pocas semanas, acabó con la discriminación positiva por raza en la selección de las universidades. También bloqueó el plan del gobierno de Joe Biden para condonar la deuda estudiantil de miles estadounidenses, y abrió una puerta para la discriminación de servicios a personas LGBTQ+, entre otros fallos que han resultado controversiales.
Además, una serie de revelaciones sobre los jueces conservadores Samuel Alito y Clarence Thomas han recordado al país que los jueces no obedecen a un código o reglamento de ética que sanciones asuntos como los regalos o favores que pueden recibir y los posibles conflictos de interés. En el Congreso, un proyecto de ley para dar lugar a semejante reglamento ha trasladado la discusión al Capitolio, mientras la prensa continúa publicando detalles de la relación entre los jueces y personas de gran patrimonio.
La imagen pública de la Corte Suprema se ha resentido: hace unas semanas una encuesta situaba su aprobación en mínimos históricos de 30% entre votantes registrados, con una gran diferencia entre Demócratas y Republicanos.
El periodista y abogado Cristian Farías escribe sobre asuntos legales y sobre la Corte Suprema de Estados Unidos para Vanity Fair, y comenta hoy el estado de situación respecto del máximo tribunal de ese país.
By La Tercera AudioEn cierto sentido, es la institución más poderosa del mundo en el país más poderoso del mundo. Las decisiones de la Corte Suprema de Estados Unidos pueden marcar el carácter de su sociedad y marcar los destinos de sus ciudadanos por décadas, mucho más que cualquier ocupante interino de la Casa Blanca. Por eso, el máximo tribunal está en el centro de la constante lucha de poder de los dos partidos que dominan la escena política estadounidense y de los múltiples y poderosos grupos de interés que los presionan.
Hoy, en un ambiente político polarizado y tensionado, en medio de lo que se ha denominado como una “guerra cultural”, la Corte Suprema de Estados Unidos está jugando un rol importante. Después de obtener una abrumadora mayoría luego de que Donald Trump y el senado Republicano lograran instalar a tres jueces en su período presidencial, las fuerzas conservadoras dominan el tribunal con una supermayoría de 6 a 3 sobre los liberales. Los resultados no se han hecho esperar, y han sido históricos: el año pasado la Corte revirtió un fallo de 1973 que había consagrado el derecho al aborto en todo el país. Hace unas pocas semanas, acabó con la discriminación positiva por raza en la selección de las universidades. También bloqueó el plan del gobierno de Joe Biden para condonar la deuda estudiantil de miles estadounidenses, y abrió una puerta para la discriminación de servicios a personas LGBTQ+, entre otros fallos que han resultado controversiales.
Además, una serie de revelaciones sobre los jueces conservadores Samuel Alito y Clarence Thomas han recordado al país que los jueces no obedecen a un código o reglamento de ética que sanciones asuntos como los regalos o favores que pueden recibir y los posibles conflictos de interés. En el Congreso, un proyecto de ley para dar lugar a semejante reglamento ha trasladado la discusión al Capitolio, mientras la prensa continúa publicando detalles de la relación entre los jueces y personas de gran patrimonio.
La imagen pública de la Corte Suprema se ha resentido: hace unas semanas una encuesta situaba su aprobación en mínimos históricos de 30% entre votantes registrados, con una gran diferencia entre Demócratas y Republicanos.
El periodista y abogado Cristian Farías escribe sobre asuntos legales y sobre la Corte Suprema de Estados Unidos para Vanity Fair, y comenta hoy el estado de situación respecto del máximo tribunal de ese país.