“Desde Colombia debemos mandar un mensaje de que una nueva política antidrogas es posible, una política que incorpore una visión desde los derechos humanos desde las libertades individuales y desde la salud publica.”
Para abordar el problema de las drogas deberíamos tener en cuenta primero la libertad y segundo la salud pública, los potenciales efectos positivos de estas sustancias que en un arranque prohibicionista sin sentido privaron a la humanidad de este gran acervo de conocimiento y sus posibles beneficios para el tratamiento de las adicciones, estrés post traumático, la ansiedad de pacientes terminales, la depresión y la esquizofrenia.