A veces, las cosas más simples pesan como enormes piedras que vamos colocándonos encima.
Una sobre otra, desafiando la ley de la gravedad en un equilibrio perfecto sobre nuestras espaldas; siendo éste un equilibrio incierto, porque sin conocer el número exacto de piedras, notamos la carga.
Cada vez más grande. Cada vez más pesada.