Cuando pensamos en un mundo globalizado imaginamos las líneas de fibra óptica que unen continentes llevando internet a cualquier lugar del mundo. O en los aviones que llevan pasajeros de una punta a la otra del planeta en cuestión de horas. Eso es globalización, si, pero no solo eso.
La naturaleza también se está globalizando, ¿Creen que viajan en barcos y aviones? Pues si. No por interés propio sino a bordo de nosotros, entre nuestros equipajes y enseres que no paran de moverse por el mundo.
Las plantas y animales, virus y bacterias, campan a sus anchas ajenas a las fronteras humanas. Llegan a un lugar y hacen por vivir, y algunas lo hacen muy bien, convirtiéndose en plagas.
Conocemos muchas plagas que han acabado con el sistema de vida de nuestros antepasados, aquellos que atacaron a cultivos esenciales como el plátano o la viña. Pero, esto lejos de ir a menos se continua amplificando.
Plagas en las papas, en los frutales, palmeras, tomates… plagas que no solo castigan a los agricultores, lo hacen a nuestro bolcillo y salud como comprobaremos hoy