La mujer retratada es Juliette Huet, una costurera con la que Gauguin estaba liado en París y a la que había dejado embarazada. Unos meses después, antes de que naciese su hija, el pintor haría las maletas y se largaría a Tahití. Y si te he visto, no me acuerdo. Según el propio Gauguin, el zorro que está tumbado junto a la chica, con una pata colocado sobre el pecho de ella, simbolizaría la perversidad y el poder sexual. Evidentemente, se trata del propio Gauguin. Ella le abraza con una mano y en la otra sostiene una florecilla blanca con una mancha roja, un símbolo que no necesita mucha explicación, si tenemos el cuenta el título de la obra.