“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Si el Señor es el centro de nuestra vida, optaremos por Cristo en lo cotidiano de la vida. “Es Dios quien activa en ustedes el querer y el obrar para realizar su designio de amor”, como dice el Apóstol, optaremos por la propuesta de Jesús en la construcción de la civilización del amor, tomando la cruz de cada día para la gloria de Dios, bien de nuestros semejantes y santificación de nuestra alma.