“Al vencedor le concede sentarse conmigo en mi trono”, dice el salmista y él mismo nos explica, quién es el vencedor: el que procede honradamente, el que no hace mal a su prójimo, el que no presta dinero a usura. Y el Señor a través de su Palabra nos muestra con el ejemplo de Zaqueo, qué pasa con el vencedor cuando se convierte: “date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa”. El vencedor nos revela el Señor en el Apocalipsis “será vestido de blancas vestiduras, no borraré su nombre del libro de la vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de los ángeles”. Acojamos la propuesta del Señor y emprendamos el camino de conversión, de la mano de la Virgen María y san José para ser acogidos en la casa del Señor, es decir en su Corazón.