“El Señor recuerda siempre su alianza”, con esta certeza caminamos de la mano de Jesús, pidiendo la luz del Espíritu Santo, para que sea Él, quien guíe nuestros pasos en el camino hacia la patria celestial, siguiendo las huellas de Jesús, quién “nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros maldición”.