Dios nos concede victorias inmerecidas, a veces por su amor y gracia, a veces por el honor de su nombre; es un periodo de gracia que debemos aprovechar para alinearnos con el, con su palabra y con su voluntad.
No debemos ser complacientes con el enemigo, debemos resistirlo por fe, confiando en que Dios nos ayudara y nos dará la victoria.