El jueves 24 de diciembre cumplió 70 años, el sábado 26 se enteró de que tenía cáncer y en la noche del lunes 28 falleció. Así de rápido y furioso -como su música- fue el final de Lemmy Kilmister , el bajista, cantante y líder espiritual del grupo Motörhead, ícono del rock duro y leyenda de los excesos. El hombre que se creía indestructible y al que muchos consideraron un Dios personal; el músico que dio sus primeros pasos en la escena británica como plomo de Jimi Hendrix y que terminó patentando un estilo inconfundible de música ligera, literalmente; el mito sin freno apasionado por la memorabilia nazi, las mujeres pulposas y el Jack Daniels. Como dice la canción, nacido para escandalizar. Tómalo o déjalo.