Devocionales con Joel Sierra

Lending and Paying Back


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Nehemías 5:12-13 (La Palabra)
Respondieron: — Lo devolveremos y no reclamaremos nada. Haremos como nos pides. Mandé llamar a los sacerdotes y les hice jurar que cumplirían lo prometido. Sacudí mi manto y dije: — Sacuda Dios la casa y los bienes de todo aquel que no cumpla esta promesa; que se vea sacudido y despojado. — ¡Amén! —respondió toda la asamblea—. Alabó entonces el pueblo al Señor y cumplió su promesa.
PENSAR: En el pueblo de Dios sí se practica el préstamo. Así lo mandó el Señor Jesús (Mt 5:42). También, de manera responsable, se devuelve lo prestado. En la ley de Dios hay una prescripción acerca de los préstamos, que forma parte de los mandamientos del jubileo, en Levítico 25. Cada siete años se debían perdonar las deudas y liberar a los compatriotas que hubieran tenido que venderse como esclavos debido a su condición de pobreza. También en Deuteronomio 15 se manda perdonar las deudas cada siete años.
Las deudas en el pueblo de Dios no deben ser eternas. Entre los redimidos, la persona que debe no lo olvida, y lo paga lo más pronto posible. No le debe nada a nadie, excepto el amar. Pero, en el pueblo de Dios, la persona que presta no lo recuerda, y no se dedica a cobrar lo que ha prestado. Es un acuerdo, una ley no escrita entre quien pide prestado y quien presta. El que debe, no olvida; y el que presta, no recuerda. Así funciona la generosidad en las relaciones justas del pueblo de Dios. Quien tomó algo prestado, no lo olvida, y lo devuelve con toda diligencia. Y aquel que presta, no utiliza su préstamo como arma en contra de su hermano.
Eso es lo que significa el año del jubileo, el año agradable del Señor. El Señor Jesús anunció la llegada de este tiempo de gracia, de perdón y de generosidad. Gracias a lo que Dios hizo por nosotros en Cristo Jesús, este “año agradable del Señor” ha durado mucho más que 365 días. Ha durado dos milenios hasta hoy.
El evangelio son buenas noticias para hoy. No son sólo buenas noticias para después de nuestra muerte, cuando pasemos a la presencia del Señor. Son buenas noticias que se manifiestan desde hoy, porque Dios es santo, y conforma a un pueblo que también es santo, y que demuestra su santidad por medio de su generosidad. En el pueblo santo de Dios no debe haber necesitados ni miserables.
Así entendemos la santidad del pueblo de Dios. Es un pueblo santo porque en ese pueblo no hay quien tenga que venderse como esclavo. No debe haber nadie que muera por hambre, o que no tenga horizonte de vida para el futuro de sus hijos e hijas. El Señor manda a los ricos de este mundo que no sobrevaloren el dinero por encima de todas las cosas, porque no permanece. Más bien, hay que recuperar la enseñanza del contentamiento del corazón. Como dijo Jim Elliot: “No hay nada tonto en renunciar a aquello que no se puede guardar para siempre por conseguir aquello que no se puede perder jamás”. Renunciar a la ostentación de las posesiones materiales, que no permanecen, por ganar los tesoros en el cielo, que jamás se perderán, no es algo imprudente, sino sabio. Es más bienaventurado dar que recibir.
ORAR: Señor, ayúdanos a honrar nuestras relaciones de dignidad en tu pueblo. Amén.
IR: Dios ha sufrido por nosotros, por su amor profundo, y el que en él cree conoce su compasión.
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Devocionales con Joel SierraBy Joel Sierra Cavazos