Cuando no controlamos la ira quedamos expuestos a equivocarnos y nos alejamos de lo que Dios quiere para nosotros, es por esto que al igual que Dios debemos ser lentos para la ira.
Cuando no controlamos la ira quedamos expuestos a equivocarnos y nos alejamos de lo que Dios quiere para nosotros, es por esto que al igual que Dios debemos ser lentos para la ira.