Notas en Español e inglés 👇
Levítico 11: Restauración de pureza.
Levítico 11: 46-47:
Estas son las instrucciones acerca de los animales terrestres, de las aves, de todos los animales acuáticos y de todos los animales que se desplazan sobre la tierra; para diferenciar entre lo inmundo y lo limpio, entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer.
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Vamos a comenzar lo que denominamos la tercera parte de Levítico, que corresponde desde el capítulo 11 al 16. Estos capítulos explican la definición de pureza e impureza, y también cuales son los pasos a seguir para recuperar la pureza de forma legal, de acuerdo a la ley.
Me produce mucha curiosidad mirar cómo estaba establecido en la ley de Moisés de forma específica las clases de animales que se podían comer y cuáles no. También cómo un cadáver de un animal podía hacer impura a una persona o un objeto.
Lo importante es mirar que, a pesar de que las leyes eran muy estrictas, también estaba el camino para que la persona pudiera recuperar su pureza; usualmente ya era puro al otro día después de lavar su ropa y esperar hasta la noche. Y no solamente una persona sino también los objetos.
Por medio de estas leyes de pureza, el pueblo de Israel debía entender que ellos tenían que ser santos como Dios es santo. Ellos debían comprender cómo Dios pedía que su pueblo se mantuviera en santidad para que su presencia siempre los acompañara.
Hoy en día estas leyes no se aplican en la iglesia del Señor; pues no estamos bajo la ley de Moisés sino bajo la gracia y ley de Cristo.
Lo que sí debemos hacer como creyentes es vivir en santidad, separados de lo malo.
Imagínate que tú eres judío bajo la ley y, de repente, un animal muerto como una lagartija cayó sobre ti o sin darte cuenta te sentaste sobre él; luego miras el cadáver y te das cuenta que por tocarlo caíste en inmundicia. Entonces, debes lavar tus ropas y esperar hasta la noche. Tan pronto llegaban las 6 de la tarde, tu condición de inmundo se había quitado y eres considerado puro.
De la misma manera, muchas veces conocemos las cosas que producen inmundicia y tratamos de guardarnos para Dios. Sabemos que acciones como el adulterio, la fornicación, el engaño y otras cosas más no son del agrado de Dios y son pecados.
A veces podríamos hacer o decir algo que hiera a alguien; sin darnos cuenta ofendemos a Dios o a las personas con nuestras acciones. Cuando el problema sale a la luz y miramos el efecto de nuestras acciones, tenemos la opción de seguir en esas malas acciones y tratar de justificarlas, o reconocer que realmente hicimos algo indebido inconscientemente y buscar la manera para arreglar la situación.
Eso es lo hermoso de tener al Señor. Él es el agua pura donde podemos lavar las vestiduras por nuestras malas acciones. Dios nos habla, nos corrige y nos enseña por medio de Su Palabra para que entendamos nuestros errores y aprendamos a hacer lo correcto. Así como el judío que descubrió que una lagartija muerta lo hizo impuro y puso de su parte para purificarse, nosotros también podemos poner de nuestra parte para comenzar a corregir nuestras actitudes y forma de vivir para ser puros.
El apóstol Pablo nos enseña en Efesios 5:25-27: “Esposos, amen a sus esposas así como también Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, a fin de santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua con la palabra, para presentársela a sí mismo una iglesia gloriosa que no tenga mancha ni arruga ni cosa semejante sino que sea santa y sin falta.”
Así que, no nos acerquemos a Dios sin antes evaluar si estamos tratando a los miembros de nuestro hogar con respeto, amor y paciencia; si estamos dando un buen ejemplo. Pídamosle al Señor que nos ayude a ser un mejor padre, madre, hijo, hija, hermano, hermana, un mejor jefe o empleado y compañero. Que nos quite...