Notas en Español e inglés 👇
Levítico 15: ¡Siendo puro al instante!
Levítico 15:25-31:
25 “Cuando una mujer tenga flujo de sangre por muchos días fuera del tiempo normal de su menstruación, o cuando tenga flujo de sangre más allá de su menstruación, todo el tiempo que dure el flujo de su impureza ella quedará impura como en el tiempo de su menstruación. 26 Toda cama en que se acueste durante todos los días de su flujo será para ella como la cama durante su menstruación. Igualmente, todo objeto sobre el que ella se siente será inmundo, como en la impureza de su menstruación. 27 Cualquiera que toque estas cosas quedará impuro. Lavará su ropa, se lavará con agua y quedará impuro hasta el anochecer.
28 “Cuando ella quede limpia de su flujo, contará siete días y después quedará purificada. 29 Al octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos pichones de paloma, y los llevará al sacerdote, a la entrada del tabernáculo de reunión. 30 El sacerdote ofrecerá uno de ellos como sacrificio por el pecado y el otro como holocausto. Así el sacerdote hará expiación por ella delante del SEÑOR a causa del flujo de su impureza. 31 Así mantendrá a los hijos de Israel apartados de sus impurezas, para que no mueran en sus impurezas, por haber contaminado mi tabernáculo que está entre ellos”.
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En este capítulo vemos el proceso complejo de los reglamentos para el hombre y la mujer acerca de sus fluidos corporales.
Todo este rigor de la ley antigua no aplica a nosotros, los cristianos, pues no estamos bajo la ley de Moisés. También es importante aclarar que Dios no rechaza la relación de intimidad entre la pareja, sino que Dios estableció para los israelitas un orden higiénico para el hombre y la mujer, y en cómo volver a ese estado de separación total para Dios, pues Dios estaba presente en medio del campamento. Es por eso que las parejas debían sacar tiempo para ellos y también sacar tiempo para Dios; hacer un balance entre el tiempo para la pareja y el tiempo para poder presentarse en el tabernáculo del Señor.
Ellos debían lavarse con agua, sus vestidos también, y aislarse durante el resto de ese día hasta la noche.
La mujer debía aislarse hasta que terminara su ciclo y debía esperar siete días después desde que se detuvo su flujo. Si no se le detenía por alguna enfermedad, ella quedaba impura hasta que le detuviera el flujo.
Es importante conocer esta ley antigua, para conocer el contexto de lo que aquella mujer del flujo de sangre habría experimentado. Ella llevaba 12 años tratando de ser curada. Había gastado todo en médicos y ninguno pudo ayudarla. Su condición empeoraba. En ese punto tan duro donde ella estuvo impura por tantos años, sin poder desarrollar una vida social normal por tener una salud quebrantada, su desesperación por ser sanada la motivó a hacer algo atrevido, a tomar un acto de fe que nadie había hecho. Cuando ella vio a la distancia una multitud que rodeaba a Jesús, ella se dijo a sí misma: "¡Si tan solo tocare el borde de su manto, seré sana!"
Sacó fuerzas de la debilidad, se llenó de valor y, sin que la multitud la notara, ella comenzó a infiltrarse en medio de la multitud con el riesgo de ser castigada por quebrantar la ley porque todo el que la haya tocado sería impuro, y podrían tomar represalias contra ella.
En medio de la algarabía, Jesús levantó su voz y dijo: "¡Alguien me ha tocado!" Pedro, con cara de sorpresa, le recuerda al Maestro que toda la multitud lo apretaba, pero Jesús especificó que alguien lo había tocado con tanta fe, que poder salió de Él.
Ella, temblando, confesó su acción y la razón por la que lo había tocado. Jesús le dio tranquilidad, confirmando que su fe la había sanado de ese azote. Ese mismo día se había vuelto pura.
Recordemos que la ley nos recuerda lo débiles y pecadores que somos, pero ¡esa ley nos impulsa a buscar la salida, el camino a la libertad,...