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¡Si vinieron por otra!, aquí la tienen, dejamos con ustedes a Little Richard y su Tutti Frutti.
Su deber con dios es claro, aunque lo comido y lo bailado no se lo quita ni el pastor soto, ni el cura tato; degustar la magia del fetichismo por Little Richard permite al vulgo enterarse de lo que es bueno y que los vicios ocultos mantienen siempre una dualidad con la virtud.
By Tomás Marguirott Ross¡Si vinieron por otra!, aquí la tienen, dejamos con ustedes a Little Richard y su Tutti Frutti.
Su deber con dios es claro, aunque lo comido y lo bailado no se lo quita ni el pastor soto, ni el cura tato; degustar la magia del fetichismo por Little Richard permite al vulgo enterarse de lo que es bueno y que los vicios ocultos mantienen siempre una dualidad con la virtud.