Cuando los fieles son convocados y se reúnen para la Liturgia de las Horas, uniendo sus corazones y sus voces, visibilizan a la Iglesia, que celebra el misterio de Cristo. Esta atención privilegiada a la oración litúrgica no está en contraposición con la oración personal; al contrario, la supone y exige, y se armoniza muy bien con otras formas de oración comunitaria, sobre todo si han sido reconocidas y recomendadas por la autoridad eclesial”
Unamos nuestra voz como Iglesia con el canto de los salmos de la Liturgia de las Horas para alabar, adorar, agradecer, bendecir a nuestro Creador, porque ha estado grande con nosotros y estamos alegres.