Un salmo es un grito de felicidad… Alivia el alma, nos distrae de nuestras preocupaciones, aligera las angustias y el dolor. Es una fuerza, fuente de seguridad en la noche, una lección de sabiduría en el día. Es un escudo cuando tenemos miedo, una celebración de santidad, una visión de serenidad, una promesa de paz y Armonía. (San Ambrosio).
Unamos nuestra voz a la voz de la Iglesia con el canto de los salmos, que como dice San Ambrosio son un grito de felicidad. Felicidad sí, porque Dios nos ama y nos ha creado para que seamos santos y vivamos en continua conversión.