La oración cristiana es, ante todo, oración de toda la familia humana, que Cristo se asocia. En esta plegaria participa cada uno, pero es propia de todo el cuerpo; por ello expresa la voz de la amada Esposa de Cristo, los deseos y votos de todo el pueblo cristiano, las súplicas y peticiones por las necesidades de todos los hombres. Esta oración recibe su unidad del corazón de Cristo. Con esta certeza unamos nuestra voz a toda la Iglesia con el canto de los salmos de la liturgia de las horas.