Estas palabras fueron pronunciadas por el campesino Eugenio Beltrán observando una cantidad de más de 20 quintales de frutabombas amontonadas debajo de un árbol en la guardarraya, después de varios días sin que los responsables de acopiarlas aparezcan.
En el campo de dos hectáreas, una cantidad superior espera por ser recogida y corre el riesgo de perderse. Pero Eugenio no es el único afectado, según refiere varios de sus colegas se ven obligados a echarle las frutas a los cerdos por los problemas que hoy presenta la comercialización, y para colmo de males otros campesinos de la Cooperativa de Créditos y Servicios, Mariana Grajales que la semana anterior vieron podrirse más de 50 quintales de frutabomba en el punto de acopio ubicado en la comunidad de Monte Sano.