Devocionales con Joel Sierra

Lo imperdonable


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Marcos 3:28-30 (La Palabra)
Les aseguro que todo les será perdonado a los seres humanos: tanto los pecados como las blasfemias en que incurran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, nunca jamás será perdonado y será tenido para siempre por culpable.
Esto lo dijo Jesús contra quienes afirmaban que estaba poseído por un espíritu impuro.
PENSAR: Es muy impactante leer estas palabras tan poderosas: “Todo les será perdonado”. Quiere decir que no hay pecado tan grave que Dios no pueda perdonar. Si alguien no tiene la vida eterna, no es por algún error que haya cometido, ni por una mala palabra que haya dicho, ni por algo vergonzoso o escondido que ha tenido en secreto por muchos años. “Todo les será perdonado”.
Pero hay una sola razón que cierra la puerta del cielo a los perdidos. Se trata de “lo imperdonable”. Es rechazar al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es quien convence al mundo de pecado, de modo que su trabajo es llamarnos hacia Cristo, para alcanzar la salvación. Si alguien da la espalda al Espíritu Santo, queda sin la posibilidad de conocer a Cristo, y sin la posibilidad de perdón.
Blasfemar contra el Espíritu Santo es rechazar totalmente la obra redentora de Dios en Cristo Jesús. Es dar la espalda a lo único que puede salvarnos: la gracia de Dios. En el caso de los fariseos que acusaban al Señor Jesús de estar endemoniado, blasfemar contra el Espíritu Santo equivale a atribuirle a Satanás las buenas obras de Dios. Es afirmar que el reino de Dios que se ha acercado en Cristo Jesús es el reino de las tinieblas. Es decir que todo lo bueno es malo. Es una grave confusión ética, además de una señal de muerte espiritual.
Ahora bien, todos hemos pecado y necesitamos el perdón que Dios ofrece en Cristo Jesús. La palabra de gracia que leemos hoy tiene un poder tremendo para darnos confianza y seguridad. Pero también es una palabra de advertencia. No rechacemos a Dios en nuestra vida. No dejemos fuera de nuestro corazón al Señor Jesús. No cerremos nuestro oído a la llamada del Espíritu. Porque lo que está en juego es muy serio. Es ser tenido para siempre por culpable, desde esta vida y hasta la eternidad.
Si bien la obra del Espíritu consiste en poner a Cristo como el Señor de nuestra vida, aquí tenemos un buen ejemplo de cómo el Señor Jesús considera la soberanía y autoridad del Espíritu Santo. El Hijo honra al Espíritu, y el Espíritu trabaja para poner al Hijo como el Señor de señores en nuestro corazón.
ORAR: Bendito Padre celestial, danos la oportunidad de poner en práctica el discernimiento que nos has dado, para identificar lo bueno y lo malo, y para elegir lo bueno y así vivir. Espíritu Santo, queremos más de tu trabajo en nosotros. Amén.
IR: Caminamos como peregrinos hacia nuestra verdadera ciudad, hablando palabras de paz.
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Devocionales con Joel SierraBy Joel Sierra Cavazos