“Lo que digan los demás está de más”
El Día Internacional del Orgullo LGTBI se celebra cada 28 de junio desde 1970, fecha que marca el inicio del movimiento internacional por los derechos LGTBI. La lucha es contra la discriminación y en favor de la normalización y reconocimiento de derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero y transexuales.
Numerosas personas LGBTI sufren agresiones físicas y violencia extrema —son víctimas de palizas, agresión sexual, tortura y asesinato—. En muchos países, las leyes discriminatorias penalizan las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo y las personas transgénero, lo cual expone a las personas LGBTI a arrestos, extorsión, estigma, y en 5 países, incluso a la pena de muerte por relaciones consentidas entre personas del mismo sexo.
La falta de aceptación de su propia orientación sexual, así como el rechazo social, derivan en que estas personas puedan ser más propensas a problemas como depresión, ansiedad, aislamiento, violencia y pensamientos suicidas, así como desórdenes alimentarios. Uno de los principales problemas es el aislamiento. Al no poder vivir su sexualidad, las personas de la comunidad LGBTI sufren abandono y eso lleva a una ansiedad extrema y depresión que deriva en otros problemas de salud.
Bien sabemos, por desgracia, que el rechazo social ocasiona problemas serios, hace mucho daño. Es difícil y se necesita de bastante tiempo para llegar a ese punto en el que afecte poco o nada lo que los demás digan de nosotros. Sería más fácil ser buena persona, juzgar con memoria de nuestros propios actos y trasmitir buenos valores para evitar que pasen estas cosas. Al final consistiría en tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen a nosotros y de no hacer lo que no nos gustaría que nos hicieran. Parece fácil dicho así, pero la realidad nos demuestra que la aplicación del respeto y la empatía es más difícil.
Muchas veces, a pesar de que formalmente damos por bueno que las personas somos diversas, únicas e irrepetibles, cuando nos encontramos con personas que tienen formas de ser o de comportarse “diferentes” nuestra reacción puede que no sea coherente con esa idea. Dicho de otra forma, en ocasiones, cuesta aceptar a las personas que son, o que parecen, diferentes a nosotras o nosotros. Lo curioso es que si hay un rasgo que nos caracteriza precisamente a todas las personas es el hecho de ser diferentes unas de otras. Somos diversos por naturaleza. Por tanto, ¿por qué nos cuesta entonces tanto asumir esas diferencias si son las que nos definen?
Este tipo de conductas nacen de la falta de información, de educación carente en materia de diversidad sexual y de género, y se siguen reproduciendo debido a la falta de medidas y respaldos legales por parte del colectivo LGTBI. Esta situación plantea la necesidad de intervención desde distintos ámbitos (sistema judicial, sistema educativo, medios de comunicación…) para, por un lado, detectar y reducir las conductas de odio y rechazo y, por otro lado, acercar contenidos relacionados con diversidad sexual y de género a la sociedad y, así, promover su normalización.