Cuando queremos aplicar hábitos más sanos a nuestra vida no nos damos cuenta que hay dos caminos para eso: el camino de la exigencia y el camino del amor. Creemos que debemos obligarnos a ser de tal forma para conseguir cierto éxito o felicidad, cuando esto no es una competencia y esa felicidad que buscamos ya vive en nosotros mismos.