Al llegar al templo, Caleb debe enfrentarse a los Guardianes de la Escama y a un motín liderado por su contramaestre Silas. Para salvar el templo de la avaricia humana, Caleb se vincula físicamente a la reliquia, grabando runas en su carne. Descubre que el Sextante no busca tesoros, sino que regula la energía del océano.