En los 68, la noche nunca es igual: Irma, Feko y el Mike arman un viaje sonoro que va del bolero al punk, del jazz al corrido, del techno a la ranchera. Su música es tan variada que parece un mapa imposible, y entre cada canción sueltan reflexiones de intelectualidad cantinera: filosofía entre vasos, poesía entre risas, historias que inquietan y seducen. Los 68 no se escuchan, se sobreviven.