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Corría el año 1888 cuando el industrial sueco Alfred Nobel leyó en un periódico francés un obituario dedicado a sí mismo con un titular que rezaba así: “El mercador de la muerte ha muerto”. Al parecer, el diario confundió a Alfred con su hermano Ludvig, que sí había fallecido realmente. Sin embargo, ese texto removió algo dentro de Alfred Nobel y le hizo reflexionar. Así, siete años después, cedió más del 94% de su fortuna a unos reconocientos que premiarían la investigación científica, la literatura y la paz: los premios Nobel. Hablamos sobre ello con Irene Martínez y Lorena Berná, alumnas de Medicina de la Universidad de Navarra.
By Radio Universidad de NavarraCorría el año 1888 cuando el industrial sueco Alfred Nobel leyó en un periódico francés un obituario dedicado a sí mismo con un titular que rezaba así: “El mercador de la muerte ha muerto”. Al parecer, el diario confundió a Alfred con su hermano Ludvig, que sí había fallecido realmente. Sin embargo, ese texto removió algo dentro de Alfred Nobel y le hizo reflexionar. Así, siete años después, cedió más del 94% de su fortuna a unos reconocientos que premiarían la investigación científica, la literatura y la paz: los premios Nobel. Hablamos sobre ello con Irene Martínez y Lorena Berná, alumnas de Medicina de la Universidad de Navarra.