El sonido de los relojes de las plazas de los pueblos o ciudades, al igual que el de las campanas de las iglesias, nos han acompañado a lo largo de los años, sonidos entrañables para unos y molestos para otros.
El sonido de los relojes de las plazas de los pueblos o ciudades, al igual que el de las campanas de las iglesias, nos han acompañado a lo largo de los años, sonidos entrañables para unos y molestos para otros.