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Nacido en San Francisco, Luciano leía lo que le llegaba a mano. Sea de la biblioteca de la escuela o de lo que se vendía por ahí, compensó su falta de habilidad en el fútbol con ficción. Ya en la carrera de letras sacó su primer libro, de corte realista, y con eso cumplió con esa estética para dedicarse al fantástico. Ama los buenos finales, los libros que no le toman el pelo al lector y corregir los principios pantufleros, aquellos que arrancar con el personaje levantándose de la cama, solo para lavarse los dientes.
By Federico AicardiNacido en San Francisco, Luciano leía lo que le llegaba a mano. Sea de la biblioteca de la escuela o de lo que se vendía por ahí, compensó su falta de habilidad en el fútbol con ficción. Ya en la carrera de letras sacó su primer libro, de corte realista, y con eso cumplió con esa estética para dedicarse al fantástico. Ama los buenos finales, los libros que no le toman el pelo al lector y corregir los principios pantufleros, aquellos que arrancar con el personaje levantándose de la cama, solo para lavarse los dientes.