David tenía esposas, victorias, profetas, un reino y aún así cayó. No porque Dios lo abandonara. Sino porque él abandonó el campo de batalla para acostarse en un balcón con vistas prohibidas. Pero aquí viene lo disruptivo –lo que puede encenderse de verdad– Tú no eres el resultado de tus caídas. Eres el resultado de tus decisiones antes de la caída. “El soldado cristiano no cae en batalla. Cae en su tiempo libre.”