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De repente la joven irguió la cabeza y se tapo la cara con la manga de su quimono. Ante su gesto, me dije: la he disgustado con mi mal habito. Me sentí avergonzado, y mi pesadumbre se hizo evidente.
By Diego OrmazaDe repente la joven irguió la cabeza y se tapo la cara con la manga de su quimono. Ante su gesto, me dije: la he disgustado con mi mal habito. Me sentí avergonzado, y mi pesadumbre se hizo evidente.