Carmen Paradela Leal
En color verde aparecen las células de Purkinje del cerebelo de un ratón adulto gracias a la unión de la proteína calbindina (propia de dichas células) a un anticuerpo fluorescente. Estas neuronas son las más grandes del sistema nervioso, presentan miles de prolongaciones o dendritas que multiplican su capacidad de conexión con otras células y de ahí su morfología característica: si observas bien, verás un árbol gigante con un tronco grueso y miles de ramas. Y, si te fijas con más detalle, verás que de estas ramas cuelgan muchas hojitas: son espinas dendríticas, el sitio de contacto del axón de una neurona con la dendrita de otra para transmitir señales eléctricas al cuerpo celular. Conservar las células de Purkinje es vital, ya que transmiten el 80 % de la información al núcleo del cerebelo desde donde se genera una respuesta al exterior. Estas respuestas están implicadas en el mantenimiento del equilibrio y la postura corporal, la coordinación motora, la precisión de los movimientos y ciertas funciones cognitivas. Por todo ello, hay que evitar la degeneración de estas neuronas tan poderosas.