El rey Citraketu poseía un carácter tan excelso que, a pesar de que Pārvati le había maldecido, descendió de su avión e inclinó su cabeza ante ella aceptando su maldición.
El rey Citraketu poseía un carácter tan excelso que, a pesar de que Pārvati le había maldecido, descendió de su avión e inclinó su cabeza ante ella aceptando su maldición.