Los fracasos de nuestro país, sobre todo si se traducen en muertes, deberían movilizar todas nuestras energías porque no queremos resignarnos y menos aún complacernos con el sufrimiento de otros, que podría ser el de nosotros mismos.
Los fracasos de nuestro país, sobre todo si se traducen en muertes, deberían movilizar todas nuestras energías porque no queremos resignarnos y menos aún complacernos con el sufrimiento de otros, que podría ser el de nosotros mismos.