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Normalicé vivir con miedo
La historia de Jocelyn
Jocelyn era una mujer independiente, con carácter y que sabía lo que quería.
Nunca imaginó que terminaría viviendo con miedo de hablar, de equivocarse y hasta de tomar sus propias decisiones.
Durante años vivió situaciones de control, aislamiento familiar, manipulación y violencia económica, sin reconocer que muchas de esas cosas también eran violencia.
Hoy comparte su historia para que otras mujeres puedan identificar señales que a veces pasan desapercibidas.
¿Necesitas ayuda?
Si estás viviendo una situación parecida, o tienes dudas sobre lo que está pasando en tu relación, puedes pedir orientación.
No necesitas esperar a que haya golpes para buscar ayuda.
🇺🇸ESTADOS UNIDOS
National Domestic Violence Hotline
Teléfono: 1-800-799-7233
Atención gratuita, confidencial, en español y disponible las 24 horas, los 7 días de la semana.
También puedes chatear en: https://espanol.thehotline.org/
🇲🇽MÉXICO
Línea de las Mujeres
Teléfono: 079, opción 1
Atención gratuita y confidencial, las 24 horas, todos los días.
Ofrecen orientación psicológica y jurídica, además de ayudarte a encontrar instituciones y servicios de apoyo.
Si estás en peligro inmediato, llama al 911 en México o Estados Unidos.
Si alguien revisa tu teléfono o tus mensajes, procura buscar ayuda desde un dispositivo seguro.
Manual para criar dragones
Maribel llegó a urgencias con una hemorragia. Solo quería cambiarse e irse a trabajar.
Llevaba meses ocultando lo que le estaba pasando.
Esta es su historia frente al cáncer de mama.
Una tarde que parecía completamente normal terminó con mi amiga Jennifer en una ambulancia rumbo a emergencias.
Yo no era la paciente. Esta vez me tocó estar del otro lado: ver que algo no estaba bien, tratar de entender qué estaba pasando y reaccionar cuando cada minuto empezaba a importar.
En este episodio cuento lo que pasó desde mi lugar: lo fácil que puede ser minimizar una señal, la confusión de no saber si estás exagerando y lo que significa tener enfrente una emergencia médica que no se ve como en las películas.
Comparto esta historia porque a mí me hubiera gustado escuchar algo así antes. No para vivir con miedo, sino para saber que, a veces, unos minutos y una llamada pueden cambiar toda la historia.
27 de octubre de 2013.2:25 de la madrugada.
Alondra tenía a su hijo recién nacido sobre el pecho cuando entendió algo que llevaba años tratando de no mirar de frente:
ya no podía seguir viviendo así.
Ese día nació Darío.Y también empezó a nacer otra Alondra.
Lo que vino después no fue una historia bonita de “volver a empezar”. Fue más complicado que eso: una relación que terminó, otra oportunidad en el amor, decisiones que dolieron, hijos mirando, una carrera construida a pulso y una mujer tratando de descubrir cuánto de su propia historia estaba dispuesta a repetir.
Hasta que un día hizo cuentas hacia atrás: su bisabuela, su abuela, su mamá, ella.
Y después miró a su hija.
Ahí entendió que algunas historias familiares se repiten durante generaciones… hasta que alguien decide que ya estuvo bueno.
Esta es la historia de Alondra Aguilera.
Una historia sobre lo que pasa cuando decir “hasta aquí” no es el final.
Es apenas donde empieza todo.
OTRAS BITÁCORAS,
Historias de mujeres que también están construyendo su vida.🫀
Una noche, durante una crisis muy difícil con mi hijo Max, recuerdo gritar que alguien me despertara. Sentía que estaba viviendo una pesadilla. Que esto no nos podía estar pasando.
Esa noche le pedí a Dios un milagro. No. Se lo exigí.
Yo sentía que me lo merecía. Había sido buena, tenía fe, no le había hecho daño a nadie. ¿No se suponía que eso contaba para algo?
En este episodio hablo de esa noche, pero también de algo que tardé años en entender: a veces confundimos la fe con una especie de cuenta pendiente. Creemos que por ser buenos la vida nos debe algo. Y peor todavía, podemos llegar a creer que soportar dolor, humillaciones o maltrato algún día será recompensado.
Y no. Hay dolores que forman parte de vivir. Pero hay daños que no estamos obligados a soportar.
De niña hablaba mucho. Preguntaba mucho. Y al parecer, eso era un problema.
Un día, una monja decidió que la mejor manera de enseñarme a quedarme callada era amarrándome la lengua. Sí. Literalmente.
En este episodio te cuento esa historia, cómo era crecer en un colegio de monjas en los 80 y algunas de esas cosas que en aquel entonces parecían “normales” y hoy dices: no mames.
Spoiler: lo de quedarme callada no les salió muy bien. Ahora tengo un micrófono.
Una llamada. Una frase. Y, de pronto, el futuro que yo había imaginado para mi hijo dejó de existir.
En este episodio te cuento una de las conversaciones más difíciles que he tenido como mamá y cómo entendí que amar a un hijo también significa aprender a soltar el control.
Porque nuestros hijos no vienen a cumplir nuestros planes. Vienen a construir los suyos.
Yo pensé que el reto era aprender inglés. Resultó que ese era apenas uno de muchos. En este episodio te cuento varias de las cosas que me pasaron cuando me vine a vivir a Estados Unidos: las metidas de pata, los osos que hice, los momentos que hoy me dan risa y todo lo que terminé aprendiendo por andar de aventada.
Una estilista en New York Fashion Week logró hacerme dudar de una idea en la que llevaba meses creyendo.
Lo curioso es que el verdadero problema nunca fue ella.
Fue darme cuenta de cuántas decisiones había tomado en mi vida buscando aprobación, tratando de encajar o preguntándome qué iba a decir la gente.
En este episodio hablamos de criterio propio, del miedo al juicio y de esa costumbre tan silenciosa de pedirle permiso al mundo para vivir nuestra propia vida.
Tengo 48 cajas de tiliches y 47 razones perfectamente justificadas para no tirar ninguna.
En este episodio vamos a hablar de recuerdos, culpa, apegos, ropa que ya no nos queda, regalos horribles que seguimos guardando y de por qué a veces es más fácil comprar un organizador nuevo que tirar lo que ya no sirve.
Bienvenidos a El fino arte de guardar pendejadas. 📦🔥
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