No hace falta tomar grandes decisiones equivocadas. Basta con posponer lo importante, dejar que el miedo decida por ti, comparar tu camino con el de los demás, renunciar a aprender, rodearte de personas que apagan tu entusiasmo y convencerte de que "ya habrá tiempo". La vida rara vez se derrumba de golpe; suele desmontarse tornillo a tornillo, con pequeñas concesiones repetidas cada día.
La buena noticia es que el proceso también funciona al revés. Cada decisión consciente, cada hábito saludable, cada conversación honesta y cada paso, por pequeño que sea, vuelve a ensamblar las piezas de una vida con propósito.