Como tantos jóvenes en Honduras, empecé trabajando en una fábrica aquí en San Pedro Sula cuando tenía solamente quince años. Yo era menor de edad. En esos días, no había mucha oposición al trabajo infantil y había mucha explotación de menores. Trabajaba en la maquila durante el día, pero de noche seguía estudiando. Mi reto era ser abogada.
Trabajé nueve años en esta empresa maquiladora, una fábrica que empleaba alrededor de 800 trabajadores y trabajadoras. Luego de un año de laborar en la empresa, decidimos formar un sindicato. Yo fui una de las fundadoras del sindicato. Eso fue en el 1980, cuando había mucha violencia y represión en Honduras. La organización sindical era casi imposible.
En esta época, para organizar un sindicato, los y las trabajadoras tenían que tomarse las instalaciones de la empresa. Eso es lo que hicimos, y logramos prevalecer.
Y eso fue mi orientación al movimiento laboral - nací directamente en la lucha. He tenido un gran compromiso con los sindicatos y al sindicalismo desde entonces.