Voz: Manuel López Castilleja
Música: Beethoven_Moonlight Sonata
Youtube.com
¡Las islas! Han tenido mucha importancia siempre. Sobre todo cuando decidimos irnos porque aquel Madrid del año 1930 nos parecía poco íntimo, poco silencioso. Necesitábamos oírnos. Creo que susurrábamos, y al levantar un poco nuestras voces nos gustaba que nos respondiese el eco. Huimos a una isla, hacia la isla venturosa. Nos acogió un puertecito: Sóller. Fue el primer viaje del marinero en tierra por el mar. Luego, ¡hemos hecho tantos! ¡Qué maravilla era el Sóller de entonces! ¿Cómo es ahora esa tierra vedada para nosotros? Lo Llenarán los yates de los turistas. ¿Dónde han empujado, amontonándolos en un rincón, los viejos barcos de vela cabeceando con la brisa? Los palos llenos de pájaros se inclinaban con el oleaje, se hablaban del pasado, eran el pasado del mar, urcas , goletas y bergantines que se sabían de memoria el Mediterráneo y las costas de África, barcos de grabado viejo, barcos con las noches en claro vigilando no que llegaran los piratas, sino los carpinteros a desguazarlos, ellos que sabían de memoria el mar y las costas de África y ya tenían el casco lleno de petrificaciones marineras, de algas, de conchillas y sobre la cubierta, de pasos descalzos; barcos que agradecían nuestras miradas desde la ventanita, abierta siempre, adonde se asomaba el amor nuevo, el estreno de dos vidas. Nuestro segundo quehacer era pasear. Trepábamos las cuestas donde los olivos no se cansan de cumplir años. Tocábamos la tierra. Agarrábamos una naranja, la única naranja que los campesinos baleares consienten a los caminantes que cojan para su sed. ¡Cuánto mirábamos el mar, un mar diferente! Creo que no había visto nunca Rafael un mar de tantas transparencias, de tantas civilizaciones en el fondo, aunque llegase del Cádiz fundado por Menesteos, hijo de Peleo, amigo de Ulises. Aquel era el mar embalsado y quieto y feliz sin los vientos atlánticos, libre de la duda: ¿Habrá tierras más allá? Al fondo del agua se rizaban los erizos, las estrellas. ¡Dulce mar! ¡Dulces días!
Memorias de la melancolía, 1970