Te ha ocurrido que cuando te dispones a orar, pareciera que te echarán arena en los ojos para que te duermas y no te ha pasado que cuando empiezas a leer la Biblia te distraes con facilidad y muchas veces hasta te aburres.
Cuantas veces nos comprometemos a orar por otro y simplemente es una frase trillada “orare por ti” pero en realidad no lo hacemos y se ha vuelto un “decir por decir”, pues déjame decirte que estas durmiendo en los laureles, vendrá el devorador y no te encontrará fuerte y presto para la circunstancia tan difíciles que han de venir.