Siempre he estado obsesionado con el trabajo. Desde que era niño, veía a mi papá levantarse más temprano que todos los demás en nuestra casa, ponerse la corbata y conducir hacia el trabajo, y solo regresaba muy después del anochecer exhausto. Esos fueron los momentos en los que noté las bolsas debajo de sus ojos y la forma en que le dolía la espalda por estar encorvado en su escritorio durante horas tratando de que la computadora funcionara. Nunca quise ser como él.
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