"Ay qué una envidiaaaa... pero envidia sana".... Seguramente haz pronunciado esta frase más de alguna vez en tu vida. Dicen que las mujeres sufrimos más de envidia que los hombres, que tenemos una tendencia natural al "pelambre" y que por causas desconocidas solemos destrozar con lengua viperina a quiénes nos parecen demasiado extravagantes, demasiado bonitas, demasiado inteligentes. ¿Será que es nuestra envidia la que habla? ¿Por qué siempre vemos el pasto del vecino más verde?