Ahí estaba el hijo del minero, que por la gracia de Dios había desenterrado el gran tesoro: ¡Soy exonerado ante Dios solo por Jesucristo! Esa verdad llena de paz, alegría, esperanza y vida, tenía a Martín Lutero tan cautivo que jamás la negó, aún cuando lo amenazaban con muerte. ¡Este sermón se trata de enamorarnos con la Palabra y hacernos igual te cautivos a ella!