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Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”.
El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?”.
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.
1) Sentado: Algo que aprendí es que no tenés que estar esperando que las cosas ocurran como vos quieres, más bien tenés que aceptar que ocurran como son. Porque el sabio no pelea con la realidad, sino más bien aprende a fluir en y con ella. Uno tiende a frustrarse cuando las cosas no salen como uno las piensa, pero la clave no es cambiar lo que a uno le pasa, sino más bien es cambiar cómo uno enfrenta las cosas. Uno no controla los hechos, pero sí la reacción a los hechos. Por eso, no te quedes sentado en la vida esperando, más bien sé el protagonista de tu vida.
2) Banquete: En muchos lugares se habla de “la ley del espejo”; de que somos el reflejo de nuestras relaciones o de que atraemos lo que somos. En este tiempo de Cuaresma pensemos si atraemos lo que le falta a los demás, es lo que ven en nosotros y buscan en nosotros. Estamos también para ayudar desde lo que somos. Pero quizá es que nosotros no sabemos decir basta cuando buscan algo de nosotros. Y hasta nos chupan la vida y las ganas de vivir. Por eso busca paso a paso tus necesidades y también tus límites. Busca el centro de tu vida para que desde allí puedas darte a los demás.
3) Sanos: El perdón libera tu alma, pero los límites nos protegen y cuidan. No conviertas tu bondad en una alfombra para que otros se limpien los pies. Recordá que el don de Dios es gratuito, pero la confianza es un edificio que se construye paso a paso. También recordemos que no podés entregar la llave de tu casa a quien no sabe respetar tu corazón, porque restaurar una relación sin cambios es una negligencia. Perdonar es soltar el rencor para que no te queme. No es abrir de nuevo la puerta para que entre el lobo. Por lo tanto, ser una persona sana es tener un corazón en paz y una mirada de saberte hijo de Dios, que es lo que te da siempre dignidad Algo bueno está por venir.
La entrada Meditación del día 21 de febrero se publicó primero en Misioneros Digitales Católicos MDC.
By Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”.
El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?”.
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.
1) Sentado: Algo que aprendí es que no tenés que estar esperando que las cosas ocurran como vos quieres, más bien tenés que aceptar que ocurran como son. Porque el sabio no pelea con la realidad, sino más bien aprende a fluir en y con ella. Uno tiende a frustrarse cuando las cosas no salen como uno las piensa, pero la clave no es cambiar lo que a uno le pasa, sino más bien es cambiar cómo uno enfrenta las cosas. Uno no controla los hechos, pero sí la reacción a los hechos. Por eso, no te quedes sentado en la vida esperando, más bien sé el protagonista de tu vida.
2) Banquete: En muchos lugares se habla de “la ley del espejo”; de que somos el reflejo de nuestras relaciones o de que atraemos lo que somos. En este tiempo de Cuaresma pensemos si atraemos lo que le falta a los demás, es lo que ven en nosotros y buscan en nosotros. Estamos también para ayudar desde lo que somos. Pero quizá es que nosotros no sabemos decir basta cuando buscan algo de nosotros. Y hasta nos chupan la vida y las ganas de vivir. Por eso busca paso a paso tus necesidades y también tus límites. Busca el centro de tu vida para que desde allí puedas darte a los demás.
3) Sanos: El perdón libera tu alma, pero los límites nos protegen y cuidan. No conviertas tu bondad en una alfombra para que otros se limpien los pies. Recordá que el don de Dios es gratuito, pero la confianza es un edificio que se construye paso a paso. También recordemos que no podés entregar la llave de tu casa a quien no sabe respetar tu corazón, porque restaurar una relación sin cambios es una negligencia. Perdonar es soltar el rencor para que no te queme. No es abrir de nuevo la puerta para que entre el lobo. Por lo tanto, ser una persona sana es tener un corazón en paz y una mirada de saberte hijo de Dios, que es lo que te da siempre dignidad Algo bueno está por venir.
La entrada Meditación del día 21 de febrero se publicó primero en Misioneros Digitales Católicos MDC.