Jesús no quiso quedarse solamente para que lo adoráramos.
Quiso quedarse para enseñarnos a amar. Cuando una madre recibe a Cristo en la Comunión, recibe también la capacidad de mirar con más paciencia. Y aquí conviene aclarar algo.
La paciencia cristiana no consiste en no perder nunca la calma. Porque entonces ninguna madre podría canonizarse. La paciencia cristiana consiste en volver a empezar. Mil veces si hace falta.
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