¿Y si tú eres el que está cojo del corazón? ¿Y si usas tu herida como excusa para no bendecir a otros? “Ay, es que yo también estoy en Lodebar”. Mentira. Ya tienes al Rey. Ya tienes su mesa. Ya tienes su Fuego. El problema no es tu pasado. Es que tu bendición se volvió un ídolo