No me asustan, me relajan. Entre estatuas que parecen más vivas que los vivos, ciruelos con frutos sospechosamente perfectos y tumbas que cuentan chismes mejor que los vecinos, visitar cementerios se volvió uno de mis pasatiempos favoritos.
No me asustan, me relajan. Entre estatuas que parecen más vivas que los vivos, ciruelos con frutos sospechosamente perfectos y tumbas que cuentan chismes mejor que los vecinos, visitar cementerios se volvió uno de mis pasatiempos favoritos.