Conexión de Vida

Mi pueblo se ha olvidado de mí


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ORACIÓN INICIAL

Padre amado, gracias por enviar a tu Hijo Jesucristo a morir para darme entrada a tu santa Presencia, gracias por enviar a tu Santo Espíritu a morar en mi corazón para iluminar mi vida y recordarme todos los días que vives en mí, para llenarme, amarme y cuidarme. No permitas que me distraiga con las cosas de este mundo y me olvide que eres lo primero en mi vida. Ayúdame a permanecer en ti y en tu Palabra. Amén.

LEE LA PALABRA DE DIOS

“¿Se olvida la virgen de su atavío, o la desposada de sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días”. Jeremías 2:32

“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre”. Deuteronomio 8:11-14

REFLEXIÓN

Así como el pueblo de Israel dejó de pensar seriamente en Dios por mucho tiempo, y esto les trajo su ruina espiritual, pensemos también cuantos días de nuestra vida han pasado sin que nos acordemos de Él y hemos roto nuestra comunión.

El verbo olvidar significa según el diccionario “dejar de tener algo presente en la memoria o perder el recuerdo de una cosa”. ¿Será posible que esto también aplique para el Señor? ¿Cómo dejar de tener presente en la memoria al Señor? ¿Cómo abandonar, desatender y arrinconar a un lado a nuestro Dios? ¿Cómo echarlo de nuestras vidas e ignorarlo si Él vive en nuestro corazón? Sin embargo lo hacemos y olvidamos que el Espíritu Santo mora en nosotros y apagamos el fuego de su presencia, contristándolo.

Desafortunadamente pasa cuando nos hallamos, como el pueblo de Israel, en abundancia, en bendición y sin ningún tipo de problema. Lo más triste es que nos volvemos a acordar de Dios cuando estamos pasando pruebas y trabajos. Qué triste también olvidar que un día emocionados le pedimos al Señor que entrara a nuestra vida, para amarlo, obedecerlo y servirle, y abandonamos ese compromiso. Olvidamos cuando nos rescató de nuestra vana manera de vivir y le dijimos que Él era lo primero y más importante de nuestra vida. Lo dejamos a un lado, para cuando nos quede tiempo de buscar su Presencia, como si fuera algo que se toma y se deja.

Las mujeres no nos podemos olvidar de nuestros atavíos y de nuestro día del matrimonio, lo atesoramos como algo muy especial, pero la queja del Señor es que su Pueblo, se olvidó de Él por innumerables días. Israel olvidó a Dios cuando puso su afecto en los encantos del mundo y eso nos puede suceder a nosotros, sus hijos comprados con la sangre preciosa de Jesús, cuando nos concentramos en los placeres de este mundo, en el afán de las riquezas y olvidamos el amor, la misericordia, la protección, la fidelidad y la dirección de Dios sobre nosotros.

Lo más tremendo es llegar a cegarnos y pensar que ya no lo necesitamos, porque caeremos en un verdadero desierto espiritual e impediremos que la gracia de Dios nos alcance. Recordemos la bendición de tener a Dios todo el tiempo presente en nuestra mente y corazón, como dice Isaías 26:3-4 “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos”.

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