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Bienvenidos a un nuevo episodio de “Cinefilia y Otras Hierbas” Cine, Televisión, Música y videojuegos para escuchar. Estamos en pleno abril, la temporada de premios ya es un eco lejano y la industria suele entrar en ese letargo de bloqueos creativos, pero este año es distinto, pero hoy no venimos a hablar de una película cualquiera; venimos a presenciar cómo Hollywood finalmente se atrevió a mirar de frente al sol sin quemarse. Hoy hablaremos de “Michael”
Antoine Fuqua, un director que suele sentirse cómodo en el realismo más crudo y la testosterona de Training Day, da un giro de 180 grados para entregarnos un biopic que respira la grandilocuencia que el personaje exige. Pero seamos honestos: ¿quién es realmente Michael Jackson? Hablamos del hombre que dejó de ser una persona para convertirse en una unidad de medida de la fama. Es el barómetro con el que medimos el genio absoluto y, al mismo tiempo, la fragilidad más desgarradora.
Lo interesante de esta propuesta es que Fuqua y su equipo han entendido algo fundamental: no puedes meter cincuenta años de una vida tan sísmica en dos horas y media sin que la historia termine pareciendo un resumen de Wikipedia. Por eso, han tomado una decisión valiente: esta es la Primera Parte. La cinta nos lleva desde los días de Gary, Indiana, con los Jackson 5, hasta el clímax absoluto de la era Thriller y el inicio de la era Bad. Es la anatomía de un ascenso al trono, el momento exacto en que un niño prodigio se transmuta en una deidad intocable.
Y claro, el elefante en la habitación: ¿quién se atreve a ponerse esos mocasines? El elegido fue Jaafar Jackson. Y antes de que alguien levante la ceja por el apellido, hay que decir que no está ahí por nepotismo, sino tras un proceso de casting global que duró dos años. Jaafar tuvo que demostrar que no solo compartía el ADN, sino esa energía eléctrica y casi etérea de su tío. Verlo en pantalla no es solo ver a un actor; es presenciar una especie de canalización espiritual que, honestamente, pone la piel de gallina a cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad musical.
Sin embargo, el rodaje no fue precisamente un paseo por el Neverland de los años 80. La película ha navegado en un mar de controversias técnicas y creativas. Hubo que reescribir prácticamente todo el tercer acto porque el plan original —que pretendía abordar temas legales complejos de los años 90— chocó contra muros burocráticos que amenazaban con hundir la narrativa. La solución fue drástica: se tuvo que cortar por lo sano, centrar esta entrega en la liberación artística de Michael y confirmar —y sí, para los que se lo preguntan, ya es oficial— que una Segunda Parte está en desarrollo activo para cerrar el ciclo vital más adelante.
“Michael” ha debutado con una brecha crítica fascinante: mientras la prensa especializada le ha otorgado reseñas bastante pobres y bajas, calificándola de "demasiado amable" o "hagiografía complaciente" con la figura de Jackson, el público general la está elevando a los altares con puntuaciones altísimas. Se alega que la película esquiva las aristas más oscuras, pero aquí, en este episodio de Cinefilia y Otras Hierbas, vamos a dar nuestra opinión honesta y sincera, sin filtros corporativos, para entender si estamos ante una obra de arte o un ejercicio de relaciones públicas.
También analizaremos el legado de Michael hoy, en 2026, y cómo su música sigue siendo el diccionario con el que escribimos el pop moderno, diseccionando tanto la técnica cinematográfica como el peso histórico de un personaje que, para bien o para mal, sigue siendo el centro de la conversación.
Preparen su whiskey, que hoy vamos a diseccionar al Rey.
Empezamos.
Patreon: patreon.com/cinefiliayotrashierbas
Correo: [email protected]
No olviden suscribirse, compartir este episodio y dejar un comentario y un like, eso nos ayudará a crecer y a encontrar más audiencia.
¡Que lo disfruten!
#MichaelJackson #Thriller #Cine #Bad
By Cinefilia y Otras Hierbas4.5
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Bienvenidos a un nuevo episodio de “Cinefilia y Otras Hierbas” Cine, Televisión, Música y videojuegos para escuchar. Estamos en pleno abril, la temporada de premios ya es un eco lejano y la industria suele entrar en ese letargo de bloqueos creativos, pero este año es distinto, pero hoy no venimos a hablar de una película cualquiera; venimos a presenciar cómo Hollywood finalmente se atrevió a mirar de frente al sol sin quemarse. Hoy hablaremos de “Michael”
Antoine Fuqua, un director que suele sentirse cómodo en el realismo más crudo y la testosterona de Training Day, da un giro de 180 grados para entregarnos un biopic que respira la grandilocuencia que el personaje exige. Pero seamos honestos: ¿quién es realmente Michael Jackson? Hablamos del hombre que dejó de ser una persona para convertirse en una unidad de medida de la fama. Es el barómetro con el que medimos el genio absoluto y, al mismo tiempo, la fragilidad más desgarradora.
Lo interesante de esta propuesta es que Fuqua y su equipo han entendido algo fundamental: no puedes meter cincuenta años de una vida tan sísmica en dos horas y media sin que la historia termine pareciendo un resumen de Wikipedia. Por eso, han tomado una decisión valiente: esta es la Primera Parte. La cinta nos lleva desde los días de Gary, Indiana, con los Jackson 5, hasta el clímax absoluto de la era Thriller y el inicio de la era Bad. Es la anatomía de un ascenso al trono, el momento exacto en que un niño prodigio se transmuta en una deidad intocable.
Y claro, el elefante en la habitación: ¿quién se atreve a ponerse esos mocasines? El elegido fue Jaafar Jackson. Y antes de que alguien levante la ceja por el apellido, hay que decir que no está ahí por nepotismo, sino tras un proceso de casting global que duró dos años. Jaafar tuvo que demostrar que no solo compartía el ADN, sino esa energía eléctrica y casi etérea de su tío. Verlo en pantalla no es solo ver a un actor; es presenciar una especie de canalización espiritual que, honestamente, pone la piel de gallina a cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad musical.
Sin embargo, el rodaje no fue precisamente un paseo por el Neverland de los años 80. La película ha navegado en un mar de controversias técnicas y creativas. Hubo que reescribir prácticamente todo el tercer acto porque el plan original —que pretendía abordar temas legales complejos de los años 90— chocó contra muros burocráticos que amenazaban con hundir la narrativa. La solución fue drástica: se tuvo que cortar por lo sano, centrar esta entrega en la liberación artística de Michael y confirmar —y sí, para los que se lo preguntan, ya es oficial— que una Segunda Parte está en desarrollo activo para cerrar el ciclo vital más adelante.
“Michael” ha debutado con una brecha crítica fascinante: mientras la prensa especializada le ha otorgado reseñas bastante pobres y bajas, calificándola de "demasiado amable" o "hagiografía complaciente" con la figura de Jackson, el público general la está elevando a los altares con puntuaciones altísimas. Se alega que la película esquiva las aristas más oscuras, pero aquí, en este episodio de Cinefilia y Otras Hierbas, vamos a dar nuestra opinión honesta y sincera, sin filtros corporativos, para entender si estamos ante una obra de arte o un ejercicio de relaciones públicas.
También analizaremos el legado de Michael hoy, en 2026, y cómo su música sigue siendo el diccionario con el que escribimos el pop moderno, diseccionando tanto la técnica cinematográfica como el peso histórico de un personaje que, para bien o para mal, sigue siendo el centro de la conversación.
Preparen su whiskey, que hoy vamos a diseccionar al Rey.
Empezamos.
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No olviden suscribirse, compartir este episodio y dejar un comentario y un like, eso nos ayudará a crecer y a encontrar más audiencia.
¡Que lo disfruten!
#MichaelJackson #Thriller #Cine #Bad