El otro malhechor lo reprende. “¿Qué decís? ¿No tenés temor de Dios? Nosotros somos culpables, pero Él es inocente.” De alguna manera está reconociendo su maldad y que el que está a su lado no merece morir. En esa cruz, a pocos minutos de su muerte, hay una obra de Dios en su corazón, que lo hace mirar a Jesús con otros ojos, y pedir: “Señor, acuérdate de mí en Tu Reino”.